El
gremialista Julio Zaballa fue testigo y protagonista de varias décadas de la
historia de Coronel Suárez. La última dictadura cívico militar lo encontró ya
como dirigente sindical, por lo que debió sufrir la persecución del
recientemente condenado coronel Lucio Pedernera, quien juró que no pararía
“hasta verlo comer mierda”.
Por Diego Kenis
El diario Nuevo Día le notificó
hace un trimestre que comenzaría a cobrarle por publicar sus notas, muchas de
ellas vinculadas a la realidad que vivió la localidad de Coronel Suárez durante
la última dictadura cívico militar. No es extraño: Julio Zaballa, de él se
trata, suele ser sumamente crítico con los dirigentes suarenses que convivieron
con el poder militar. Y el diario cuenta entre sus amigos dilectos al
vicepresidente del Banco Central del gobierno de facto, Christian Zimmerman,
que practica la equitación en una estancia cercana y despunta el vicio de la
escritura editorial para, por caso, mostrar su “solidaridad con el teniente
general Jorge Rafael Videla” (sic).
Trabajador de DEBA en la década de 1970, Zaballa era por entonces
dirigente sindical. Su militancia le valió la persecución del comisionado
municipal Lucio Pedernera, un coronel del Ejército hoy en retiro condenado
meses atrás en Viedma a ocho años y medio de prisión por graves delitos de lesa
humanidad. A pedido de algunas de las instituciones suarenses más influyentes
de entonces, Pedernera había prometido no parar “hasta verlo comer mierda”.
En este reportaje, Zaballa detalla el panorama en la localidad y la
región durante los años de plomo, además de reflejar la participación de los
medios y los sectores civiles en conjunto con las fuerzas militares del V
Cuerpo de Ejército de Bahía Blanca y el Batallón de Arsenales “Ángel
Monasterio” de Pigüé.
¿Cómo
recuerda a la sociedad de Coronel Suárez en los meses anteriores a la irrupción
de la dictadura militar?
Nuestra
población y la de la zona vivía y vive influenciada por la agenda que la prensa
nacional, la regional –La Nueva Provincia-
y en aquella época a nivel local El
Imparcial le marcan. Con el agregado de Grondona y Neustadt desde la
televisión. Por lo tanto nuestra ciudad, que luego demostró su adhesión sin
condicionamientos al Proceso, impulsaba un cambio desde un golpe militar. De
hecho estoy seguro que algunos sectores lo sabían mucho antes que nosotros,
dado que luego sus familiares ocuparon puestos a nivel nacional y local. La
fuerza con la que actuaron a partir de marzo de 1976 sometió a nuestra
población al silencio, al miedo y la aceptación de las medidas que ellos fueron
imponiendo con la fuerza.
¿Dónde
trabajaba usted a esa fecha y en qué consistía su militancia sindical?
Yo trabajaba en
relación de dependencia en la empresa DEBA, distribuidora de energía y militaba
en Luz y Fuerza, donde era secretario gremial. También me desempeñaba como
titular de la CGT local y de la Asociación de Obras Sociales Suarense (ACSOS).
¿Cuál era la
actitud de la prensa durante los meses previos al Golpe y luego de ocurrido el
mismo?
Eran voceros de
las acciones previas y, como ya lo dije, lo demostraron por sus acciones
durante el gobierno de la dictadura.
¿Cuándo conoció a Lucio Pedernera y en qué circunstancias?
Alguien
alentó al coronel Pedernera, que no me conocía, a amenazarme con que no pararía
“hasta verme
comer mierda”, dicho ante un funcionario suarense y un compañero que hoy
ocupa un cargo público nacional en una oficina local.
Le
daban letra al coronel Pedernera para que amenazara a este funcionario local
para que dejara de tener trato conmigo, pues perdería su trabajo.
Le
pasaban los nombres de compañeros o trabajadores que en la calle o en mi
trabajo o en mi casa requerían, como hoy, asesoramiento. Luego Pedernera los
amenazaba con hacerles perder su trabajo si continuaban teniendo trato conmigo
Motivaban
a ciudadanos suarenses a denunciarme ante el Batallón de Pigüé, diciéndoles, como
en esta nota que obra en mi poder y pude rescatar gracias a quien fuera mi
superior en el servicio militar, “.... Como este señor es un elemento muy conocido y
netamente irritante y subersivo, ruego a usted tome las medidas del caso
para que sea puesto bajo la Justicia Militar y sirva esto de ejemplo para
aquellos que tratan con sus exteriorizaciones perturbar a quienes estamos
firmemente convencidos de que es lo que hay que hacer en esta hora. Creo este
hecho no ha de escapar a vuestra sensibilidad militar y no puede dejar de tener
un castigo ejemplarizador para que los que quieran imitarlo piensen dos veces
antes de tomar actitudes como la de este pretendido y defenestrado ex dirigente
sindical” (sic*). Esta nota, con membrete de la intervenida ACSOS, está
dirigida al jefe del Batallón, el 4
de mayo de 1977.
En
similar forma se dirigieron al V Cuerpo de Ejército y al Batallón de Pigüé para
enviarles los recortes de El Imparcial donde con alevosía indicaba dónde había estado reunido con otros
“agitadores” para que luego fuera citado a las 22 o 23 horas, con fuertes
golpes en la puerta de mi casa y ante el terror de mi esposa e hija, que debían
esperar hasta las dos o tres de la madrugada para saber si volvía o quedaba
detenido. En nuestra huelga del ‘77 fui buscado en varias oportunidades por el
Ejército y en una de ellas con la bayoneta en la espalda intimado a renegar de
mis principios como sindicalista, en presencia de un compañero de trabajo aún
vivo y que la puede contar, y ordenar el levantamiento de la huelga que nos
atrevimos a hacer y por la que luego fuimos presos con el compañero Luongo, y
desaparecieron muchos compañeros dirigentes como el caso de Oscar Smidt.
Cuando fue retirado de su casa para declarar en la Comisaría suarense,
¿cómo fue tratado? ¿En qué consistían los interrogatorios?
Soy el suarense que más veces fue retirado de su casa entre el ‘76 y el
‘80 para “prestar declaración indagatoria” en la comisaría local, siempre entre
las 22 y 3 de la madrugada, por denuncias de vecinos suarenses. Nunca
recibí agresiones físicas, sólo aprietes en cada interrogatorio. Estaban
convencidos que lo que les impedía tener el poder que hoy también sustentan se
circunscribía a una cuestión de hombres militantes sindicales y para peor,
justicialistas. No es así. Lo tenían y lo tienen hoy por una parte importante
de la población cómplice o socios en los intereses que obtienen de esa clase.
Otra parte, a través del azonzamiento de no querer ver para no comprometerse o
quedar mal con esa clase que los domina. Otra parte de nuestra población
resulta víctima e ignorante de que la solución a sus problemas está en la
solidaridad y el compromiso social en las instituciones que los contienen, como
por ejemplo sus gremios o sindicatos.
Querían
eliminar toda posibilidad de reclamo organizado por los trabajadores. Había que
tenerlos esclavos y con mucho, pero mucho miedo y así gestionar el poder
municipal y obtener, los poderosos, mayores ingresos en la impunidad. Serna,
Marisa, Zaballa, Luongo, Erdozain, Gregorini y muchos otros eran un
impedimento. Tenían necesidad de contar con la represión militar para obtener
lo que ambicionaban. La solicitada de 1985 es el agradecimiento que emiten
luego de obtener lo que querían.
¿Cuál era el
rol en la represión que cabía a Pedernera, la Policía local y el Batallón de
Pigüé en el entramado de represión?
Pedernera era la
figura usada por los testaferros locales para realizar las acciones de
“limpieza”. Por ello cuando en el ‘82 deja el cargo son incontables las
instituciones de todo tipo que le hacen llegar agradecimientos y regalos. A la
policía no se le conoce una acción represiva y el Batallón de Pigüé, si bien
actuó en nuestra ciudad, me parece que fue con cierto pudor y cumpliendo órdenes.
¿Debió
emigrar de Coronel Suárez?
No, nunca me fui
de Suarez. Eso lo intentaron a través de amenazas, pero tenía claro que mi
destino estaba aquí, cualquiera que sea. De hecho luego participé de acciones
gremiales durante el Proceso. Quizás con el tiempo y para bien de mi esposa e
hija mayor, debería haberlo pensado.
¿Cómo fue la
relación de la sociedad de Coronel Suárez con Pedernera?
Una maravilla, a
pesar de que las condiciones las ponía él o sus asesores locales. Pero como las
instituciones recibían subsidios o ayudas, no les importaba de quién venían.
Luego los sectores de la Sociedad Rural, el empresariado, el Polo Club,
salieron en el ‘85 con una solicitada en medios nacionales donde con un “Gracias
Militares” demostraban su afecto.
En una de sus
últimas notas, usted acusa a Pedernera de “robo, apropiación ilícita y
represión”. Además de la persecución de la que usted fue víctima, ¿qué otros
hechos delictivos le consta que cometió Pedernera durante su paso por Suárez?
Lo que indico es
lo que el fallo de la justicia de Viedma indicó. Aquí no se investigó nada pues
un año antes de que asumiera el gobierno democrático, él se va de la ciudad y
asume como comisionado municipal el presidente la Sociedad Rural. Si algo
había, desapareció.
¿Cómo ha transcurrido la comunidad de Coronel Suárez estos
casi treinta años luego de concluida la dictadura?
Seguimos sin blanquear ese periodo. Salvo mis cartas de
cada 24 de marzo, no hay otras expresiones recordatorias. Salvo las que los
estudiantes hacen para recibir un premio de la Comisión Provincial por la Memoria,
pero no pasa de eso.
* (El subrayado es el
del documento. Los errores de ortografía y redacción, también. Ver imagen).